Qué Hacer Para Oxigenar El Cerebro: Ejercicios, Importancia Y Síntomas

Qué Hacer Para Oxigenar El Cerebro: Ejercicios, Importancia Y Síntomas
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Qué Hacer Para Oxigenar El Cerebro: Ejercicios, Importancia Y Síntomas

La oxigenación del cerebro es importante: ¿te falta oxígeno? La respiración es un proceso fisiológico relativamente complejo, observable no sólo a nivel de todo el pulmón, sino también a escala infinitamente reducida de la célula.

Todos sabemos que el oxígeno es esencial para la vida, y que cada una de nuestras células debe obtener oxígeno (O2) y deshacerse del dióxido de carbono (CO2).

Si sufres de insomnio, este es un tema casi inagotable para ocupar tus horas de vigilia! En serio, la respiración es un proceso fascinante con implicaciones increíbles.

Qué Hacer Para Oxigenar El Cerebro: Ejercicios, Importancia Y Síntomas

A continuación te mencionamos toda la información y consejos para que puedas tener todo el oxígeno que necesitas en tu cerebro.

¿Qué importancia tiene la oxigenación cerebral?

Lo que es menos conocido es que ningún órgano tiene tanta autoridad sobre el oxígeno como el cerebro – ¡ni siquiera el corazón!

De hecho, la función de nuestro cerebro es asegurar el “control coherente” de todas las acciones y funciones del cuerpo, lo que requiere grandes cantidades de energía, y por lo tanto de oxígeno.

Si el suministro de oxígeno es insuficiente, este mecanismo de control ya no es óptimo. Este artículo aborda los aspectos básicos de la oxigenación cerebral, algunos de los factores de riesgo y síntomas de la hipoxia (baja concentración de oxígeno en la sangre) y las formas de mejorar la oxigenación.

¿Qué tan importante es la oxigenación cerebral?

La respuesta a esta pregunta es inequívoca: la oxigenación del cerebro es muy importante. Si lo dudas, intenta aguantar la respiración unos minutos… ¡pero no, no lo hagas! Créenos lo que te decimos.

Probablemente no te estamos enseñando nada diciéndote que el cerebro es el órgano soberano del cuerpo humano, que controla cada una de tus funciones. Para ello, debes recibir grandes cantidades de oxígeno.

¿Pero por qué exactamente necesitamos oxígeno? Esta necesidad está estrechamente relacionada con la evolución de la vida en la Tierra y las concentraciones de oxígeno en la atmósfera.

Todo organismo aeróbico necesita oxígeno para producir la energía necesaria para mantenerse vivo. Del mismo modo que un incendio necesita oxígeno para mantenerse “vivo” (¿quién no ha soplado nunca sobre brasas para evitar que se apague un incendio?) o un motor necesita oxígeno para asegurar la combustión, los orgánulos de la célula (órganos productores de energía muy pequeños) necesitan oxígeno para mantenernos vivos.

Cada una de nuestras células lo necesita para sus funciones metabólicas. E incluso si el cerebro no es termogénico (no produce calor), consume una cantidad absolutamente desproporcionada de oxígeno – hasta un 25% de todo el oxígeno que entra en la sangre.

Incluso si la respiración es normal, el cerebro no siempre recibe suficiente oxígeno.

El cerebro tiene centros respiratorios que controlan de cerca la respiración, basados en información recolectada por sensores ubicados en otras partes del cuerpo.

Estos sensores son capaces de detectar cambios químicos, fluctuaciones del pH, presencia de irritación, etc. En circunstancias normales (por ejemplo, un no fumador sano que viva a nivel del mar), la respiración es fácil y toma entre 12 y 20 respiraciones por minuto.

Ahora, si la misma persona está en la cima de una montaña, necesitará oxígeno extra y su respiración “normal” puede no ser suficiente. Aquí es donde entran en juego los famosos sensores y el cerebro comienza a tomar medidas compensatorias.

Si éstos no logran reequilibrar los niveles de oxígeno, el cerebro entra en un modo de protección, lo que generalmente resulta en la pérdida del conocimiento.

Es importante notar que el oxígeno no es el único gas regulado por el cerebro, pero es el único que puede usar para asegurar la supervivencia de las células cerebrales.

El CO2 también juega un papel importante en la regulación de la respiración. De hecho, es la relación entre el O2 y el CO2 – y cómo fluctúa este último – lo que realmente gobierna la respiración.

El CO2, por otra parte, es un subproducto -ni más ni menos que un residuo- del metabolismo, que debe ser evacuado.

Durante el ejercicio, incluso si la respiración sigue siendo regular (aunque ocasionalmente puedes quedarte sin aliento si no estás entrenado o si estás trabajando duro), la cantidad relativa de oxígeno que llega al cerebro disminuye a medida que aumenta la demanda metabólica en todo el cuerpo. Este ajuste puede tener un efecto protector al forzarlo a disminuir la velocidad y a recuperarse.

Las personas con afecciones inflamatorias como asma o enfisema pueden respirar de manera aparentemente normal sin una oxigenación adecuada.

La inflamación o el deterioro de las células pulmonares impide que el intercambio entre el CO2 y el O2 se produzca correctamente, de ahí la importancia de que estas personas consulten a un médico y utilicen broncodilatadores para reducir sus síntomas y aumentar su suministro de oxígeno.

¿Cómo podemos oxigenar nuestros cerebros?

Personalmente, no te aconsejamos que corras a un bar de oxígeno. Un excedente puede ser tan dañino como la falta de oxígeno y causar inflamación y daño severo.

En su lugar, comienza a ejercitar tu capacidad pulmonar respirando profundamente, no demasiado rápido, durante unos segundos; actividades como el yoga y la meditación se prestan muy bien.

Caminar y correr puede estimular la circulación sanguínea en todo el cuerpo, incluyendo el cerebro. Cuanta más sangre circule, mejor será el intercambio de gases.

Da un paseo por la naturaleza, evita la ciudad y sal a tomar aire fresco de vez en cuando. No sólo te ayudará a respirar mejor, ¡sino que sentirás menos los efectos del estrés!

También te sugerimos que te hagas exámenes regulares para revisar tu hemoglobina, ferritina, vitamina B12 y hormonas tiroideas.

La hemoglobina es la molécula responsable del transporte de oxígeno. Las deficiencias en hemoglobina y ferritina conducen a anemia e hipoxia.

De manera similar, los niveles bajos de B12 pueden interferir con la producción de glóbulos rojos (las células que se atiborran de hemoglobina para transportar oxígeno y dióxido de carbono).

Debido a los síntomas que algunas veces pueden parecerse entre sí, también es bueno revisar las hormonas tiroideas.

Una vez que todos estos artículos hayan sido revisados y corregidos si es necesario, pregúntale a un naturópata licenciado si tomar productos para el oxígeno sería apropiado para ti como el ginkgo.

El ginkgo es conocido por su capacidad para aumentar el flujo sanguíneo al cerebro y, por lo tanto, tu oxigenación, que mejora la función cerebral general.

¿Cuáles son los factores de riesgo para la falta de oxígeno?

La hipoxia es una amenaza para la salud. La falta de oxígeno puede causar daños irreversibles e incluso la muerte. Esto es especialmente cierto para las personas que tienen un accidente cerebrovascular o ataque cardíaco.

Nunca se insistirá lo suficiente en la necesidad de reconocer las señales de advertencia y actuar con rapidez. Esto también se aplica a las intoxicaciones por monóxido de carbono (“CO”).

Asegúrate de llevar detectores de CO y evita acercarte al tubo de escape de tu automóvil; también evita pararte cerca de las carreteras o incluso correr cerca de la carretera.

Otros factores de riesgo importantes incluyen intoxicación severa por alcohol, ahogamiento, asfixia, traumatismo craneal (que puede ser muy grave, si no crítico), caída marcada en la presión arterial, cirugía (debido a una reacción a la anestesia), asma, apnea del sueño, etc.

Por no mencionar el fumar, ciertas actividades como la minería, viajar a lugares de gran altitud (a menos que hayas nacido allí), así como contener la respiración demasiado tiempo bajo el agua… ¡u olvidarte de respirar durante el entrenamiento!

¿Cuáles son los síntomas?

La intoxicación por CO puede manifestarse primero como mareos, dolor de cabeza, náuseas o vómitos.

Está atento a signos más específicos, como cambios en el habla o en los movimientos faciales, movilidad corporal reducida, problemas de memoria o dificultad para tomar una decisión. Los síntomas pueden incluir convulsiones, coma y muerte cerebral.

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