Qué Hacer Con Un Niño Hiperactivo En Clases O En El Aula De La Escuela

Qué Hacer Con Un Niño Hiperactivo En Clases O En El Aula De La Escuela
3 (60%) 1 vote

Qué Hacer Con Un Niño Hiperactivo En Clases O En El Aula De La Escuela

Cuando estos niños requieren atención especial, existen elementos para sensibilizar a los maestros a su cuidado.

¿Hiperactividad, verdad o mentira? La hiperactividad no es un mito: es una realidad. La falta de atención se coloca en el centro del trastorno.

Este trastorno implica un “proceso neurobiológico central, cerebral y complejo”. Se caracteriza por síntomas, no significativos en sí mismos, pero que son “en exceso”, ya sea en el hogar, en la escuela o en actividades de ocio.

Qué Hacer Con Un Niño Hiperactivo En Clases O En El Aula De La Escuela

Desde el principio, hay que señalar que los tratamientos farmacológicos permiten canalizar al niño; no son tratamientos sedantes, “que lo duermen”.

Es un trastorno del neurodesarrollo

Aunque el diagnóstico no puede realizarse antes de los 7 años, las tres dimensiones clínicas (falta de atención, impulsividad, hiperactividad) correspondientes a la definición del trastorno en los criterios del DSM (escala americana de trastornos mentales) están presentes antes de esa edad.

A partir de la guardería, observaremos trastornos del sueño, poca tolerancia a la frustración y agresividad en estos niños.

Sin embargo, es a la entrada del Curso Preparatorio donde generalmente se hace el diagnóstico.

Existen trastornos comórbidos: dificultades de aprendizaje en aritmética o lectura (discalculia, dislexia).

El “núcleo sintomático” requiere: para la falta de atención, la presencia de al menos 8 síntomas; para la impulsividad, 3 síntomas; para la hiperactividad, 6 síntomas. El aspecto crónico y repetitivo del comportamiento es muy importante.

Cabe señalar que las habilidades motoras excesivas, que son específicas de la hiperactividad, pueden poner en riesgo a los niños.

La necesidad de moverse, de “aliviar la impaciencia” lleva a estrategias diseñadas para crear habilidades motoras (por ejemplo: dejar caer el cuaderno y luego tener que recogerlo).

La pregunta que el profesor se puede hacer frente a este tipo de comportamiento en niños hiperactivos será: “Si los dejamos moverse, ¿serán mejores entonces? ». La respuesta se encuentra, entre otras cosas, en una reflexión sobre la ergonomía (el escritorio, la silla, la propia aula).

Los niños hiperactivos son molestos; son ruidosos, inestables. Sin embargo, no son conscientes de la vergüenza que causan a los demás.

Los trastornos del sueño son frecuentes: dificultad para iniciar el sueño en particular.

Los niños hiperactivos a menudo están aislados, o tienen amigos “como ellos”…

Dependiendo de la edad, los síntomas cambiarán

La impulsividad y el peligro a menudo van de la mano. Las peligrosas actividades físicas de las que disfrutan las personas hiperactivas generan agresividad.

Los niños hiperactivos imponen su presencia, interrumpen, “no esperan su turno”. Son mal percibidos por sus pares y marginados. Se pueden asociar elementos de “depresivo”.

Hay agitación “distal”. El niño, por ejemplo, moverá los pies para encontrar una excusa para moverse.

Por la noche, en casa, puede sentir dolor al acostarse, impaciencia en las piernas (que evoca el síndrome de las piernas inquietas). Estos comportamientos traicionan la necesidad de “quedarse en la acción” (ir al baño sin motivo, ir a la cocina a beber un vaso de agua cuando no tiene sed).

Es conveniente que los padres reduzcan la intensidad de los estímulos a los que se enfrentan los niños hiperactivos a la hora de acostarse (desde este punto de vista, el uso de “luz nocturna” no es necesariamente una buena solución).

En la escuela, hay fluctuaciones en el rendimiento académico y terquedad. El fracaso en la escuela no es infrecuente, llevando a la descalificación o incluso a la exclusión. En la convicción del niño, se forja un “principio de impotencia aprendida”.

También hay retrasos en la adquisición del lenguaje o en la coordinación psicomotora

Al final, durante la adolescencia, se puede desarrollar un trastorno de oposición con provocación en los niños hiperactivos, así como un comportamiento de riesgo, incluyendo el abuso de sustancias (fumar en particular).

A veces, sin embargo, los comportamientos característicos de la hiperactividad son menos evidentes: cuando el niño se enfrenta a una nueva situación; si se le proporciona una recompensa; en presencia del padre o de la madre. Por otro lado, si las situaciones son monótonas, el comportamiento retorna.

En cuanto a los trastornos comórbidos, encontraremos: disorthographia, dyslexia, dyscalculia.

Los niños son más afectados por la hiperactividad que las niñas

El trastorno desafiante oposicional ocurre más en el hogar. En presencia de este trastorno comórbido, es necesario enfrentar la evidencia: el pronóstico es menos bueno.

De hecho, no existe un tratamiento apropiado para el trastorno de la oposición. En este caso, lo que se propone es tratar muy bien el trastorno inicial de TDAH.

El abuso de sustancias, como hemos visto, es común. Así como trastornos de ansiedad (alrededor del 25% de los niños hiperactivos se verían afectados). Y depresión, o al menos baja autoestima.

En Clase: ¿Cómo Hacerlo?

Varios expertos en la materia usaron su experiencia de contacto con niños hiperactivos para construir un enfoque escolar apropiado para los niños hiperactivos.

Un verdadero método de comportamiento en el aula – por lo tanto en una situación concreta para los actores: profesor, niño con TDAH, otros niños – este proceso fue demostrado en el Salón de la Educación por sus creadores (comportamiento característico, diálogos en situaciones, juegos de rol, respuestas adaptadas).

El objetivo del proceso es proporcionar respuestas concretas y operativas a las tres preguntas siguientes:

  • ¿Cómo puede un maestro lidiar con la situación?
  • ¿Qué respuestas son posibles?
  • ¿Cuáles son los problemas?

El proceso comienza con un análisis de las necesidades específicas de los diferentes actores: profesor, niño con TDAH, otros niños.

Así, por ejemplo, en lo que se refiere a las necesidades del profesor, el análisis de las situaciones y la escucha de los interesados revelan la existencia de las siguientes necesidades:

  • Para ser respetado;
  • Afirmar su autoridad;
  • Preservar su comodidad;
  • Enseñar en buenas condiciones;
  • Mantener el nivel de escucha y atención general;

Se da una breve definición de las conductas propias del niño hiperactivo, generadas por los tres síntomas de la tríada: falta de atención, impulsividad e hiperactividad.

Desatención: el niño es muy “distraíble”; no sabe concentrarse durante mucho tiempo;

Impulsividad: es cuando actúa sin pensar mucho;

Hiperactividad: el niño siente la necesidad de estar en acción, en movimiento.

Cabe señalar que, en el caso de un niño hiperactivo, estos comportamientos pueden sumarse entre sí; además, las situaciones se repiten con una frecuencia e intensidad superiores a la media de los otros niños.

Luego se discuten los tres posibles niveles de respuesta al comportamiento del niño con TDAH. Cabe señalar que estas respuestas también mejorarán el comportamiento de otros niños.

Estos tres niveles de respuesta se dividen en:

  1. Una fase de información para el niño (sobre las reglas del juego vigentes en el aula, el respeto del marco, la naturaleza y las razones de los límites impuestos);
  2. Una fase de recordación, que se refiere al mismo objeto (la reconexión, la recordación del marco, los límites), y que se caracteriza por una voluntad de conciliación y comprensión por parte del profesor, materializada por el apoyo al niño;
  3. Una fase de “sanción” en la que el niño queda fuera de juego, ya que el hecho de que haya salido del cuadro y superado los límites ha sido constatado y comunicado a la persona afectada.

Finalmente, se pone a disposición del profesor una serie de recomendaciones prácticas para que pueda gestionar, en la medida de sus posibilidades, la relación con el niño con TDAH.

Estas recomendaciones, numerosas, variadas y directamente utilizables por el profesor, incluyen, entre otras: la actitud positiva incondicional hacia el niño con TDAH; la prioridad dada a las imágenes para ilustrar el curso; la necesidad de establecer un contacto visual frecuente con el niño con TDAH (“¡mírame! “).

Acercarse a él regularmente y animarlo, para canalizar su atención (por ejemplo, tocarle el hombro de manera benévola); obtener de él un “sí” de validación después de una observación del profesor (mejor, en todos los casos, un “no” en el que el profesor pueda trabajar, que un falso “sí”, etc.).

Por último, una iluminación específica y saludable se lleva a la gestión de las emociones negativas.

Las emociones deben ser comunicadas al niño, con un imperativo: la emoción sentida por el profesor debe estar de acuerdo con el comportamiento que la expresa.

Se propone una tabla de análisis y respuesta; el proceso es el siguiente:

Declaración del maestro sobre el comportamiento previsto del niño (“Cuando tú haces esto…);

La declaración emocional del maestro (“Cuando haces esto, yo…”);

Exposición de motivos, de la emoción (“Cuando haces esto, yo…, porque…”);

Afirmación de la necesidad actual del maestro (“Te lo pido, etc.”; estar bien anclado en la afirmación, tener cuidado de no protegerte del otro);

Dale su motivación “Te pido que…, para que…”.

En el marco así definido, el profesor debe aceptar sus propios límites y darse permisos (dada la naturaleza a veces agotadora de este proceso).

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Contenido protegido !!